Psicóloga María José Luna, Alcalá de Guadaíra, Sevilla

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¿Sientes emociones que no puedes controlar?, ¿lloras sin saber por qué?, ¿sensación de estar dentro de un pozo?, ¿se te hace todo grande y pesado?, ¿punzada en el pecho?, ¿ahogo, falta de aire?, ¿estas al borde de un precipicio?, ¿pensamientos perturbadores que no puedes parar?, ¿tienes conductas adictivas que te perturban?, ¿sensaciones o dolores corporales que te preocupan? Estos y muchos más son los síntomas por lo que las personas suelen solicitar ayuda a un profesional, tienen la necesidad de entender qué les pasa, por qué les sucede, y cómo pueden resolverlo.

En el encuadre individual,  la psicoterapia está dirigida a aquella persona que plantea su conflictividad dentro de una estructura determinada que lo perturba: social, corporal o psicológicamente y el objetivo a alcanzar es que se superen dichos conflictos y la persona se encuentre en condiciones de afrontar por sí mismo sus problemas cotidianos.

 

 “El individuo es el que tiene que aprender a curarse él mismo y el terapeuta tiene que facilitar los medios para que él descubra la manera de resolver sus conflictos. Parafraseando a C. Geertz, podríamos decir que la función del sicodrama y de la sicodanza, no es el dar respuestas (desde fuera, desde nuestras ideas) a las preguntas más profundas del paciente, sino el facilitarle el acceso a sus propias respuestas.
Creemos firmemente que es con humildad como tenemos que hacer la aproximación a los pacientes. Cada persona tiene sus formas de resolución y no debemos imponer las nuestras basadas en un supuesto saber y/o en nuestros principios. Lo que conviene a cada individuo es un conocimiento que solamente él posee.
Rojas-Bermúdez ha dicho muchas veces que si, por ejemplo, una persona tiene un acceso, el médico lo abre, lo limpia, le pone antibiótico, etc. Es lo que se puede hacer médicamente. Pero la forma de unirse una célula a otra, de eliminar trozos o deshechos y demás, es totalmente una función del propio organismo. El médico no puede enseñar a una célula que se pegue a otra y en qué punto. Vemos cicatrices raras, gruesas, retorcidas o perfectas. La forma de cerrar tiene que ver básicamente con el organismo de cada cual. Lo único que puede hacer el médico es disminuir la tensión, la fiebre, recetar una pomada  o lo que sea para favorecer a que el propio cuerpo encuentre la forma eficaz para la reparación. El único que tiene la percepción de cómo se siente mejor es el paciente con su propia experiencia.” (Amelia Coppel-julio 2005)

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